Se le hace difícil y triste sentir en carne propia
las palabras, pronunciadas pero vacías.
Buscaba tan sólo la verdad de la historia,
no jirones de ilusión ni pedazos de mentiras.
La ligereza con la que suelta las frases
le da asco. No le hacen nada, salvo quebrarle
el alma en pasado, presente y futuro, a tres
tiempos, tres vidas, tres corazones que amarle
más no pudieron. Se traga solo la amargura,
el silencio y el sollozo que no sale, que no escapa
hacia la luz de sus ojos. Pero cuando acaba día, la luna
se posa a sus espaldas y en silencio. Al fin escampa,
al fin se aclara el cielo. Las nubes de algodón
ya no lloran más, y se van, dejando abajo en la tierra
las lágrimas y la verdad que lastima. Alrededor,
el sol brilla y el dolor no se va. En la piel, se entierra
para no ser olvidado. Marcando el alma a cien grados
centígrados, ahí se queda. Tres silencios, tres heridas.
Mil doscientos cincuenta y siete segundos postergados
recordando las tres veces que gritó cuánto la quería.
© 2009 – Joel Alejandro
Foto: SoulMyst (http://fav.me/d22jo5q)
Canción: “10.22”, Ben Moody (All For This)
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