Una caricia, una mirada de cristal, un beso silencioso.
Frágil inocencia del corazón que no entiende, que no conoce
la traición; entreveros de un interrogante capcioso,
el miedo a acostumbrarse a la ausencia, a lo que desconoce.
Pueden ser pocas palabras. Puede ser ninguna.
Puede ser un gesto, puede ser una melodía gris,
el adiós tiene muchas formas, pero sólo una
duele lo que duele un no sé qué decir, qué sentir.
Quizá fue el tiempo. Quizá fue la mala suerte.
Quizá simplemente... tenía que ser. Se deshace,
cual arena en la playa, el beso que les hizo fuertes
ayer, y que hoy mata por dentro, les hace quemarse.
El camino pasado se pierde en el horizonte carmesí,
el viento borra las migajas de recuerdos vividos,
pero las huellas que marcaron sus vidas siguen ahí,
en la memoria de una lágrima sin dirección ni sentido.
Foto: Lily A. Seidel (http://fav.me/d1hb34x)
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