del origen de la bandita elástica

una fantasía de segunda guerra mundial en alemán|cordobés

narrada por Jogafraezemi Vivesihasalvo (*)

[ De ningún modo estos hechos se relacionan con la realidad del origen de la bandita elástica. Esta es una visión totalmente irreal del acontecimiento; el texto a continuación está plagado de incoherencias, sarcasmo, vulgaridades y ridiculeces. Mentes indispuestas a contaminarse con las tonterías aquí proferidas, favor de abstenerse. Muchas gracias. ]

Alemania, plena Segunda Guerra Mundial. Gertrudis y Rudolf von Gütemberg era una pareja felizmente casada, y tenían una labor muy importante que cumplir al servicio del Tercer Reich: eran los bibliotecarios personales de Adolf Hitler, únicos custodios de los mapamundis del Führer.

Como Don Hitler tenía la costumbre de aparecer cada dos por tres a pedir algún mapa para satisfacer uno u otro de sus delirios, Gertrudis había tomado por costumbre desparramarlos abiertos en la larguísima mesa de la biblioteca, pero como el búnker donde se encontraban era constantemente atacado y no había presupuesto para las reparaciones correspondientes, los techos goteaban cuando llovía (sí, ese día llovía a cántaros), entonces los mapas quedaban todos arruinados.

Hitler, indignado ante la imposibilidad de señalar con su dedo ario el próximo lugar a conquistar, puteaba a tres manos:

- Sie Ficken Hurensohn! Pedazos de hijos de putemberg! ¿Cómo VERDAMMT! (carajo!) prrretenden que guíe a mi ejérrrrrrcito a la victorrrria si ustedes, rrretrasados mentales, no son capaces de cuidarrr de estos mapas SO EIN MIST! (de mierda!)?

- Discúlpenos, porrr favor, Führer –dijo muy asustada Gertrudis, casi automáticamente-.

- BAAAAH, cállate mujerrr. QUIERRRO una solución a este prroblema DE INMEDIATO. O van a pararrrrr a la GASKAMMER!

En un bólido, el Führer salió de la biblioteca a las zancadas y pegó tremendo portazo. Rudolf ya estaba pensando una buena tanda de puteadas para devolverle, pero la cámara de gas era un castigo un tanto… terminal, por lo que se ahorró proferir vulgaridades en ese instante. Sin embargo, no pudo contenerse por mucho tiempo y arremetió en barbaridades verbales contra su esposa:

- Tochter einer Hündin! (Hija de puta!) Si no fuerrra por esos nudos del ortembergkelleer que haces, los mapas estarrrían a salvo.

Gertrudis no dijo ni mú (o ni prr en este caso). Ella ataba nudos a los mapas como era debido. El problema era que sus nudos eran tan fuertes que éstos terminaban convertidos en unos STRUJENBAJEN (?). Pero por supuesto, jamás lo admitiría.

Rudolf, mientras tanto, maquinaba en su cerebro de bibliotecario-ingeniero-esposo-que-no-soporta-a-su-mujer(?) una posible solución al problema. Recordó que en el patio del búnker --sí sí, el búnker tenía patio porque estaba rodeado por un bosquecito muy bonito en las afueras de Berlín – pero bueno. Volviendo al tema en cuestión, Rudolf recordó que había un par de árboles de caucho allí. Entonces (y ahora balbuceando en voz alta), pensaba:

- ¿Qué pasarría si tomo unas láminas de caucho, las rrrrrrremojo, y…

El proceso continuaba en su cabeza. Hizo un par de prototipos de este nuevo dispositivo que permitía hacer atados de objetos ¡SIN NUDOS!, además de tener la particularidad de ser un elemento elástico.

Más tarde, el mismo día, Hitler regresa a la biblioteca, solicitando “amablemente” (léase: a las puteadas) el mapa de la Europa continental. Paranoico y perseguido, observa obsesivamente cada cosa que hace Gertrudis para alcanzarle el mapa y nota con gran asombro el atado sin nudo que tenía el mapa.

El guardia personal del Führer, Johannes Elastikemberg, pregunta:

- ¿Qué es esto?

La pareja de bibliotecarios, ni mé (esta vez).

- Bueno, ya que nadie me rrresponde, he de llamarrrr a esta “cosa” porrr mi apellido, ELASTIK.

Ya saben cómo termina la historia. Johannes robó el invento de los von Gütemberg, que no podían decir ni … bueno – nada, porque iban a parar a la cámara de gas de no “comportarse”.

El invento se popularizó entre militares, amas de casa y demases individuos de la sociedad europea, luego expandiéndose por todo el mundo bajo su nombre de botín: bandita elástica.

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(*) Jogafraezemi Vivesihasalvo es un seudónimo que representa a los autores de este texto, cuya identidad se ha decidido preservar en el anonimato con los fines de no acabar en un internado neuropsiquiátrico.


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1 comentarios:

Anónimo dijo...

Genial!! muy gracioso

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