dosce

Solitude

La mar ruge desolada, rompiendo el silencio
que el tiempo dibujó con grises en la distancia.
Doce cristales rotos, el espíritu que no siento
se hace añicos. El aire se quiebra en desgracia.

Cual navegante perdido, de rumbo incierto,
pregunto al alma y al corazón, únicos tripulantes:
¿por qué no se vio la tormenta a tiempo?
Y en tal tempestad, ¿no debió la calma llegar antes?

Tus ojos no me mienten. Tus palabras sí.
¿Es esto que siento el clímax de mi onirismo?
La soga tira y tira hacia ambos lados. Sin ti,
fiel oponente, vencer no importa, da lo mismo.

Sentir, qué de sentir, ¿qué es eso? ¿Sentir?
Que alguien libere mis sentidos, pues yo,
de sentir, nada sé, nada conozco, y de vivir,
de vivir... Sólo sé que la vida sigue al sol.

Pero a veces existo bajo este disfraz,
esta máscara que reprime las verdades,
y sigo. Sigo andando, sin poder lograr
romper el embrujo de mis soledades.

Una hora, doce horas, el vacío no se va.
Un día, doce días, el desconcierto está cantando.
Un mes, doce meses, ¿el dolor se irá?
Un año, y ya me perdí de tanto andar contando...

...tanto que doce se queda solo,
tanto que doce es menos que dos.

© 2009 – Joel Alejandro

Foto: poison-dv (http://fav.me/d4aukz)


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