Como la moneda, indecisa
entre cara y cruz en su danza
fugaz y embellecida,
quien te sigue te alcanza
tan solo por un momento, antes
de que huyas, temerosa
y despavorida; ¿qué? ¿nadie sabe
de ti, mujer hermosa?
Abres en dos mi corazón,
resquebrajando el espejo de mi ser.
Cierras las puertas al dolor,
pero la soledad se escabulló sin querer.
Soledad de resignarme,
soledad de ver pasar los días,
¿vale la pena entregarme?
¿Cómo he de esperar tu venida?
Pronto la música se apaga,
ya se acerca el gran final.
¿Cara o cruz? La duda no acaba...
dime, ¿qué has de aceptar?
© 2009 – Joel Alejandro
Foto: Anti-Pati-ya (http://fav.me/d1qrdc1)
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